En un poema... ahí está Dios

Iba saliendo del Museo de Arte Moderno, decididamente, cuando una chica de pelo largo me invitó a participar del lanzamiento de un libro de poemas de una ministra de Ecuador. En la mañana, escuché un poco sobre ella, así que no lo pensé mucho y entré.

Sólo que no imaginé que me daría material para hablar en este blog, pues esa poeta exclamó unos versos que me movieron el piso, sí, trastornaron todo mi ser, sí. el dolor por quien está cerca y lejos a la vez vino a mí, sí. 

No sin razón el libro que los compilaba se llama Geografías Torturadas, puesto que a estas costas y fronteras (las mías) le han conmovido con fuerzas, como terremoto. 

Cada poema versaba sobre espacios en el mundo, como describiendo una postal, retrata un quehacer paisano, un acontecimiento furibundo, ajeno, pero nuestro porque transmite al ser humano. Con una riqueza descriptiva fantástica, pero eterna. 

Descubro que al develar la importancia de la poesía (la de ella misma, que inunda el alma con sus rimas) descubro que es alimento espiritual, que es vital para reavivar la fe en la fe misma. 

La deducción viene tan básica que no cabe la duda. Dios es poema, poesía. Y no cualquiera. Una que nos eleva. Sabemos que Dios está en todo, también es verso. Es cada verso.

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